El huracán Simón avanzó durante el domingo 11 de octubre de 2026 frente a las costas de Jalisco y Colima, con su centro paralelo al litoral y vientos máximos sostenidos de hasta 185 kilómetros por hora, mientras autoridades federales y estatales mantenían evacuaciones preventivas, refugios temporales, cierres de playas y restricciones a actividades no esenciales en municipios expuestos, especialmente alrededor de Puerto Vallarta, Cabo Corrientes, Manzanillo, La Huerta y Tomatlán.
La emergencia combinó dos planos que conviene separar: por un lado, el pronóstico de lluvias intensas, inundaciones, deslaves, marea de tormenta y oleaje elevado; por otro, las interrupciones ya confirmadas en la vida cotidiana y la economía local. Para la población y las empresas, la diferencia es relevante: una trayectoria puede modificarse, pero la suspensión de clases, el cierre del malecón, la interrupción del transporte público o la evacuación de hoteles ya son medidas operativas con efectos inmediatos.
En breve
- Simón se debilitó de categoría 4 a categoría 3 durante el domingo, pero continuó siendo considerado peligroso por su cercanía a Puerto Vallarta y Cabo Corrientes.
- Jalisco reportó evacuaciones preventivas y 13 refugios temporales con capacidad para mil 900 personas; Colima habilitó cinco refugios y cerró playas en zonas expuestas.
- La suspensión de actividades no esenciales y los cierres en áreas costeras presionaron al turismo, el transporte local, el comercio y las operaciones marítimas.
El ciclón cambió de categoría, pero no de riesgo
La evolución de Simón obligó a actualizar la respuesta pública varias veces. El 10 de octubre, la Comisión Nacional del Agua informó que el sistema era categoría 4, con vientos sostenidos de 240 kilómetros por hora, rachas de 295 kilómetros por hora y oleaje de entre seis y ocho metros en las costas de Jalisco y Colima. Ese mismo día, la Presidencia comunicó la suspensión de actividades no esenciales en Jalisco, Colima, Michoacán y Nayarit a partir de las 16:00 horas.
Para el domingo 11 de octubre, el ciclón se había debilitado a categoría 3, pero el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos todavía advertía sobre vientos destructivos, marejada ciclónica, lluvias capaces de provocar inundaciones y deslaves, así como afectaciones en la franja situada entre el océano y la Sierra Madre. La reducción de categoría, por sí sola, no significó el fin de la emergencia: el sistema se mantuvo cerca de la costa y sus efectos más intensos se esperaban durante la noche y la madrugada del lunes.
La trayectoria también modificó la lectura de riesgo. La previsión inicial apuntaba a un impacto directo entre La Huerta y Tomatlán, en Jalisco. Sin embargo, el domingo el centro del huracán se desplazaba paralelo al litoral y se aproximaba a la zona de Cabo Corrientes, al sur de la bahía de Banderas. Esto mantuvo bajo presión a Puerto Vallarta y a comunidades costeras con viviendas más vulnerables, aun cuando el ojo permaneciera mar adentro.
Evacuaciones y refugios: la respuesta antes de los daños
La Coordinación Nacional de Protección Civil informó el 9 de octubre que en Jalisco ya habían sido evacuadas de manera preventiva 261 personas de zonas de riesgo. También reportó 13 refugios temporales con capacidad para mil 900 personas. En Colima se habilitaron cinco refugios, se cerraron playas y se desplegaron más de mil 500 elementos para atender una eventual emergencia.
El despliegue federal incluyó a la Secretaría de Marina, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Guardia Nacional, la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, la Comisión Federal de Electricidad, Conagua y autoridades estatales y municipales. La Marina informó que mantenía activo el Plan Marina en fase de prevención en Colima, Jalisco, Michoacán y Nayarit, con cuatro mil 71 elementos, vehículos, maquinaria pesada, plantas potabilizadoras, cocinas móviles y embarcaciones disponibles para responder a deslaves, cortes de caminos o afectaciones marítimas.
La lista de municipios bajo vigilancia incluyó en Jalisco a Cihuatlán, La Huerta, Tomatlán, Cabo Corrientes y Puerto Vallarta; en Colima, a Manzanillo, Armería y Tecomán. La coordinación en estos puntos es especialmente importante porque las rutas de evacuación, los servicios de salud, el abasto y la atención a visitantes dependen de que las carreteras y los sistemas de comunicación permanezcan operativos.
Turismo y transporte, los primeros sectores en resentir la emergencia
Puerto Vallarta enfrentó una interrupción visible de su actividad turística. La cobertura de The Associated Press documentó el cierre del malecón y patrullajes de la Guardia Nacional, mientras policías pedían a peatones, corredores y ciclistas abandonar el frente costero. También se reportó la suspensión del transporte público y la evacuación de parte de un hotel, una señal de que la contingencia no quedó limitada a las playas: alcanzó la movilidad de trabajadores, huéspedes y proveedores.
Jalisco suspendió clases el viernes y el lunes en 22 municipios costeros. Además, solicitó al sector turístico garantizar que trabajadores y visitantes estuvieran en refugios o zonas seguras. Esa medida trasladó parte de la presión operativa a hoteles, restaurantes, operadores de tours, comercios y empresas de transporte, que tuvieron que decidir entre cerrar, reducir personal o mantener servicios mínimos para quienes no podían salir.
El efecto económico inmediato no puede medirse sólo por establecimientos cerrados. También incluye reservaciones canceladas o pospuestas, menor consumo en zonas turísticas, rutas de reparto interrumpidas y costos adicionales para reubicar a huéspedes y trabajadores. En el caso de los pequeños comercios, la suspensión de actividades puede afectar el flujo de efectivo justo cuando necesitan abastecerse de agua, alimentos, combustible y materiales de protección.
Puertos y aeropuertos: qué está confirmado y qué debe verificarse
En Colima, el gobierno estatal confirmó el cierre del puerto y de las playas en Tecomán, Armería y Manzanillo como medida preventiva ante la evolución de Simón. La Secretaría de Marina también señaló que el despliegue contemplaba posibles afectaciones a las operaciones portuarias y marítimas.
En cambio, las fuentes consultadas no aportan una confirmación homogénea sobre la suspensión total de operaciones en los aeropuertos de Puerto Vallarta o Manzanillo. Por ello, no debe presentarse como hecho general que ambos aeropuertos estuvieran cerrados durante el domingo. La situación aeroportuaria podía cambiar por hora debido al viento, la visibilidad, el estado de las pistas y las decisiones de cada operador; pasajeros y empresas debían revisar directamente los avisos de las terminales y las aerolíneas.
Esta distinción es importante para las cadenas de suministro. El cierre portuario sí implica una restricción directa para embarcaciones, pesca, carga y abastecimiento marítimo, mientras que un aeropuerto puede mantener vuelos limitados, cancelar operaciones específicas o suspenderlas sólo durante las horas de mayor riesgo. Mezclar ambos escenarios puede provocar decisiones empresariales equivocadas y desinformar a quienes necesitan trasladarse.
El siguiente reto: pasar de la prevención al balance de daños
Durante el domingo, la prioridad oficial siguió siendo reducir la exposición de la población. La presidenta Claudia Sheinbaum pidió a habitantes de Jalisco, Colima, Nayarit y Michoacán permanecer en resguardo, evitar viajes por carretera y seguir las instrucciones de Protección Civil hasta que se notificara el fin del peligro.
El balance de daños debía construirse después del paso de los vientos más intensos. Las autoridades tendrían que revisar carreteras, puentes, redes eléctricas, sistemas de agua, hospitales, escuelas, hoteles, comercios y terminales portuarias. También sería necesario determinar cuántas personas utilizaron los refugios, qué comunidades quedaron incomunicadas y si las lluvias posteriores provocaron deslaves en la zona montañosa.
Para la Ciudad de México, el episodio ofrece una referencia útil sobre cómo un fenómeno en el Pacífico puede afectar decisiones de viaje, abasto y negocios a cientos de kilómetros de distancia. La suspensión de rutas, la cancelación de reservaciones y la interrupción de servicios en destinos costeros pueden repercutir en agencias, transportistas, operadores turísticos y familias que planeaban desplazarse desde la capital.
Hasta el cierre de esta información, la evidencia disponible permitía confirmar el despliegue preventivo, los refugios, las evacuaciones, los cierres costeros y las afectaciones operativas en Puerto Vallarta. Los daños materiales definitivos, la continuidad de los servicios y la situación de las terminales aéreas requerían una actualización posterior de las autoridades responsables.
Fuentes consultadas
- Comisión Nacional del Agua, 10 de octubre de 2026: posición, categoría, viento, lluvia, oleaje y marea de tormenta.
- Presidencia de la República, 10 de octubre de 2026: suspensión de actividades no esenciales y previsión de trayectoria.
- Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, 9 de octubre de 2026: evacuaciones, refugios y despliegue estatal.
- Secretaría de Marina, 10 de octubre de 2026: Plan Marina, personal y equipo disponible.
- The Associated Press, 11 de octubre de 2026: condiciones en Puerto Vallarta, cierre del malecón, evacuaciones y efectos sobre transporte y turismo.
- El País México, 11 de octubre de 2026: seguimiento de la trayectoria y la respuesta en Jalisco y Colima.
