La Secretaría de Hacienda y Crédito Público amplió los estímulos fiscales para gasolina y diésel durante el periodo del 12 al 18 de septiembre de 2026, mediante un acuerdo publicado el 11 de septiembre en el Diario Oficial de la Federación. La disposición tiene aplicación nacional y establece un estímulo de 100% para el diésel, 51.43% para la gasolina menor a 91 octanos y 45.69% para la gasolina Premium y combustibles no fósiles. En el caso del diésel, la cuota disminuida del IEPS queda en cero pesos por litro.
La decisión llega mientras el precio internacional del petróleo aumenta y crece la presión sobre los costos de transporte, distribución y producción. El gobierno de Claudia Sheinbaum busca evitar que todo ese choque se traslade de inmediato a los consumidores, pero el mecanismo implica que una parte del ajuste se absorba mediante menores ingresos tributarios y, de acuerdo con estimaciones del sector, por la política comercial de Pemex.
En breve
- El estímulo al diésel equivale a 7.3634 pesos por litro de IEPS y se acompaña de un apoyo complementario de 0.1501 pesos.
- La gasolina regular recibe un estímulo de 3.4458 pesos por litro y la Premium uno de 2.5850 pesos.
- El acuerdo oficial no presenta una estimación agregada del costo fiscal para la semana; una estimación privada citada por El País calcula un costo cercano a 11 mil millones de pesos mensuales para el esquema de contención.
Cuánto baja la carga fiscal por litro
El acuerdo 137/2026 de Hacienda fija para el diésel un estímulo fiscal de 7.3634 pesos por litro. Esa cifra corresponde a 100% de la cuota del IEPS actualizada para 2026. Además, el documento incorpora un estímulo complementario de 0.1501 pesos por litro, por lo que el alivio fiscal teórico asociado al diésel suma 7.5135 pesos por litro durante el periodo señalado.
La diferencia es importante: los 7.3634 pesos representan la cuota del IEPS que deja de cobrarse, mientras que los 0.1501 pesos corresponden a un mecanismo complementario previsto en las disposiciones aplicables a los combustibles automotrices. Por eso, decir que el diésel queda “sin IEPS” describe la cuota disminuida, pero no necesariamente el total de todos los apoyos fiscales relacionados.
Para la gasolina regular, el estímulo es de 3.4458 pesos por litro y la cuota disminuida queda en 3.2543 pesos. En la gasolina Premium, el apoyo asciende a 2.5850 pesos y la cuota disminuida es de 3.0729 pesos por litro. Es decir, el gobierno no elimina por completo el IEPS de las gasolinas, aunque sí reduce de manera considerable la carga que se trasladaría al precio final.
Quién recibe el beneficio
El primer beneficiario potencial es el transporte que utiliza diésel: autotransporte de carga, autobuses, reparto urbano, servicios de paquetería y otras actividades con un consumo intensivo de combustible. Si el estímulo se refleja en el precio de venta, esas empresas pueden enfrentar una menor presión en sus costos operativos.
El efecto también puede alcanzar a los consumidores, aunque de forma indirecta. Una menor presión sobre el combustible puede moderar el costo de mover alimentos, mercancías y pasajeros. Sin embargo, el estímulo no es una transferencia directa a cada persona que carga gasolina. Se trata de una reducción fiscal aplicada dentro de la cadena de comercialización, y el precio observado en cada estación depende también del costo internacional, el tipo de cambio, la logística, los márgenes y la competencia local.
Las estaciones de servicio tampoco son las receptoras automáticas de todo el apoyo. Su función es trasladar la estructura de costos y los impuestos al precio final, pero el acuerdo no fija por sí mismo un precio único para todas las gasolineras. Por eso, una reducción en el IEPS no equivale necesariamente a una disminución de la misma magnitud en el tablero de cada estación.
El sector agropecuario y el pesquero requieren una precisión adicional. Hacienda publicó para septiembre un acuerdo específico para esos sectores, pero estableció porcentajes de estímulo de 0% para la gasolina menor a 91 octanos y para el diésel destinado a actividades pesqueras y agropecuarias. Eso significa que no debe confundirse el estímulo general aplicable a los combustibles automotrices con un apoyo adicional exclusivo para productores del campo o pescadores.
El costo: menos recaudación y presión sobre Pemex
El intercambio fiscal es directo: por cada litro de diésel vendido durante la semana, el gobierno renuncia a cobrar la cuota ordinaria del IEPS. El acuerdo publicado por el DOF establece cuánto se reduce el impuesto, pero no ofrece una cifra consolidada sobre el costo total para las finanzas públicas. Para obtenerla se necesitarían, entre otros datos, los litros comercializados por producto durante el periodo y la proporción efectivamente cubierta por el estímulo.
Una referencia externa ayuda a dimensionar la discusión. El País reportó una estimación de Alejandro Montufar, director general de PetroIntelligence, según la cual el costo mensual de la contención de precios ronda los 11 mil millones de pesos. De ese monto, alrededor de 9 mil 400 millones corresponderían a la renuncia al cobro del IEPS y el resto al impacto financiero que absorbería Pemex mediante precios de mayoreo más bajos.
Ese cálculo no es una cifra oficial para la semana del 12 al 18 de septiembre, por lo que no puede presentarse como el costo exacto del nuevo acuerdo. Sirve, sin embargo, para mostrar la escala del problema: el alivio en la bomba puede convertirse en una merma relevante de ingresos cuando los estímulos se prolongan durante varias semanas.
La misma estimación atribuye aproximadamente 85% del costo a Hacienda y 15% a Pemex. La diferencia importa porque no se trata del mismo tipo de presión. Hacienda enfrenta una menor recaudación del IEPS, mientras que Pemex puede ver reducido su margen comercial si ofrece precios más bajos a las estaciones de servicio para contribuir a la contención.
Contener la inflación sin resolver el choque energético
El objetivo de corto plazo es limitar el impacto de los combustibles en la inflación. El diésel tiene un papel central en el transporte de mercancías y pasajeros, de modo que un aumento abrupto puede transmitirse a fletes, alimentos y servicios. La gasolina, por su parte, afecta directamente a los hogares y a actividades como el reparto, el transporte privado y los servicios urbanos.
El problema es que el estímulo fiscal no elimina el encarecimiento internacional: únicamente redistribuye su impacto. En vez de trasladarlo por completo al precio que paga el usuario, una parte se convierte en menor recaudación pública y otra puede recaer en Pemex. Si las cotizaciones internacionales permanecen elevadas, mantener la medida durante más tiempo puede reducir el margen disponible para otros gastos o para fortalecer la infraestructura de almacenamiento y distribución.
Para los habitantes de la Ciudad de México, el efecto más visible dependerá de la transmisión a los precios locales y del comportamiento de las empresas de transporte. El beneficio puede sentirse antes en cadenas logísticas intensivas en diésel que en el tanque de un automovilista, porque el precio final incorpora componentes que no controla el estímulo. La pregunta central no es sólo cuánto subsidia el gobierno, sino cuánto de ese apoyo llega efectivamente a los usuarios y cuánto termina financiando la estabilidad de precios dentro de la cadena energética.
Fuentes consultadas
- Diario Oficial de la Federación, Acuerdo 137/2026 sobre estímulos y cuotas aplicables del 12 al 18 de septiembre de 2026.
- Diario Oficial de la Federación, estímulos fiscales para los sectores pesquero y agropecuario durante septiembre de 2026.
- El País México, cobertura sobre el aumento de los subsidios y la estimación del costo para Hacienda y Pemex.
