Satélite mexicano de telecomunicaciones sobre México con enlaces hacia comunidades ruralesEl nuevo satélite deberá complementar las redes terrestres para atender zonas rurales y aisladas de México.

El Gobierno de México, a través de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT), prepara la contratación de un nuevo satélite geoestacionario de telecomunicaciones hacia finales de 2026, con el objetivo de lanzarlo durante el primer trimestre de 2030 y sustituir al Bicentenario desde una infraestructura con mayor capacidad. El anuncio fue presentado el 24 de septiembre de 2026 por el titular de la ATDT, José Antonio Peña Merino, y vincula el proyecto con las comunicaciones estratégicas del Estado y la conectividad de comunidades donde las redes terrestres son difíciles o costosas de desplegar.

La iniciativa aparece en un momento de transición para el Sistema Satelital Mexicano (Mexsat). El Programa Espacial Mexicano 2026-2030 reconoce que la flota actual está integrada por el Bicentenario, dedicado a servicios fijos, y el Morelos-3, orientado a comunicaciones móviles. Ambos tienen una vida útil planificada de 15 años, de acuerdo con el documento publicado en el Diario Oficial de la Federación. El Bicentenario comenzó operaciones en 2013, por lo que la planeación de su reemplazo busca evitar que el Estado pierda continuidad en comunicaciones de seguridad nacional, atención de emergencias y cobertura social.

Un salto de capacidad que todavía necesita una ruta de uso

La cifra más llamativa del proyecto es la capacidad anunciada: más de 250 gigabits por segundo, frente a los aproximadamente 6 Gbps que actualmente utilizan algunas dependencias. Peña Merino explicó que ese incremento permitiría transmitir no sólo voz y datos, sino también imágenes y video para instituciones de seguridad nacional y otros usuarios públicos. La Presidencia también informó que la contratación está prevista para octubre de 2026 y que el lanzamiento se mantiene programado para el primer trimestre de 2030.

Sin embargo, la capacidad orbital no equivale por sí misma a cobertura efectiva. Para que un satélite se convierta en internet útil se necesitan estaciones terrenas, antenas, terminales de usuario, enlaces de retorno, energía eléctrica, mantenimiento y un modelo de operación que defina quién contrata el servicio y bajo qué condiciones. En una comunidad aislada, el satélite puede resolver el tramo entre el territorio y la red troncal, pero no elimina las dificultades para instalar equipos, operar puntos de acceso o sostener el servicio.

El propio Programa Espacial Mexicano plantea que el proyecto debe abarcar los estudios técnicos, el diseño de los requerimientos de la carga útil, la contratación, el lanzamiento y la operación. También establece como línea de acción elaborar un plan integral para el diseño, contratación y operación sostenible del nuevo sistema, así como definir un modelo de gestión y uso compartido que dé prioridad a la conectividad institucional, las comunicaciones estratégicas y las zonas remotas.

Por qué el calendario es exigente

Entre la contratación prevista para 2026 y un lanzamiento en los primeros meses de 2030 transcurrirían cerca de tres años. Ese plazo debe incluir la definición de especificaciones, la selección del proveedor, el diseño detallado, la fabricación, las pruebas ambientales y de compatibilidad, la preparación del segmento terrestre, la integración con los centros de control y la campaña de lanzamiento.

El calendario es técnicamente posible para un satélite de telecomunicaciones si el proyecto cuenta con requisitos cerrados, financiamiento multianual y una contratación sin retrasos relevantes. La presión estará en las etapas que no ocurren en la órbita: la licitación, los permisos, la coordinación institucional y la instalación de la infraestructura que utilizará la capacidad. Un atraso en cualquiera de esos componentes podría dejar al Bicentenario operando durante más tiempo del previsto o generar un periodo de transición con servicios limitados.

La experiencia de Mexsat también obliga a distinguir entre la vida útil nominal y la disponibilidad real. El Programa Espacial señala que el Bicentenario y el Morelos-3 fueron planeados para operar 15 años, pero la permanencia de un satélite depende de factores como el combustible para maniobras, el estado de sus sistemas y las decisiones de operación. El Gobierno, por tanto, necesita un plan de continuidad que cubra el periodo entre el final de la vida útil del Bicentenario y la entrada en servicio del nuevo equipo.

La conexión con el Plan Nacional de Conectividad

El satélite no es un proyecto aislado del resto de la política digital. El Plan Nacional de Conectividad 2026-2030 plantea combinar infraestructura terrestre y satelital para avanzar hacia el acceso universal, con participación de la ATDT, la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, la Comisión Federal de Electricidad, PROMTEL, Altán Redes, operadores privados y pequeños proveedores.

El plan reconoce que la desigualdad de conectividad es territorial. Según sus datos, la cobertura de calidad alcanza 99.72% de la población urbana, pero baja a 61.32% en localidades rurales y a 46.37% en comunidades con presencia indígena. También identifica diferencias importantes entre entidades: mientras algunas zonas tienen niveles elevados de cobertura móvil, estados como Chiapas, Oaxaca y Guerrero presentan rezagos mucho mayores en las mediciones de conectividad móvil.

Para 2030, el Programa de Cobertura Social asociado al plan busca beneficiar alrededor de 91,041 localidades sin cobertura, equivalentes a aproximadamente 6.43 millones de personas. En su primera focalización, el programa identificó 9,364 Áreas de Atención Prioritaria sin cobertura, donde viven 2.85 millones de habitantes. El documento ubica una concentración importante de esas áreas en Chiapas, Oaxaca, Veracruz y Guerrero.

Estos datos ayudan a dimensionar el papel del futuro satélite. No tendría que sustituir a la fibra óptica ni a las redes móviles, sino cubrir los sitios donde esas alternativas son poco eficientes por la dispersión poblacional, la distancia o la orografía. El Programa de Cobertura Social contempla precisamente la Capacidad Satelital Reserva del Estado para regiones rurales, aisladas, de difícil acceso o afectadas por fenómenos naturales.

El reto será convertir capacidad en servicio

La contratación deberá definir si el nuevo satélite será utilizado principalmente por dependencias públicas, si una parte de su capacidad se reservará para cobertura social o si se establecerán mecanismos para que operadores y gobiernos locales habiliten puntos de acceso. También será relevante precisar las tarifas, los niveles mínimos de calidad, la prioridad para escuelas, centros de salud y oficinas públicas, y la forma de medir cuántas personas utilizan efectivamente el servicio.

En ese diseño aparece una conexión directa con la Ciudad de México. El sistema Mexsat cuenta con centros de control en Iztapalapa y Hermosillo, instalaciones que concentran funciones de monitoreo, comando y operación. Para la capital, el proyecto puede representar continuidad de empleos técnicos, servicios de ingeniería y capacidades de coordinación; para las regiones rurales, su valor se medirá en aulas conectadas, clínicas con enlaces funcionales, comunicaciones durante emergencias y acceso a actividades económicas digitales.

La promesa de más de 250 Gbps será relevante sólo si se acompaña de una planeación territorial transparente. El Gobierno tendrá que publicar qué localidades serán atendidas, con qué tecnología, en qué fechas y mediante qué operador o entidad pública. Sin esos datos, el satélite corre el riesgo de ampliar la capacidad disponible sin modificar de manera proporcional la experiencia de las comunidades que hoy tienen una conexión intermitente o carecen de ella.

En breve

  • Calendario: la ATDT prevé contratar el proyecto en 2026 y lanzar el nuevo satélite durante el primer trimestre de 2030.
  • Capacidad: el Gobierno ha comunicado una capacidad superior a 250 Gbps, frente a los aproximadamente 6 Gbps utilizados actualmente por algunas dependencias.
  • Impacto social: el satélite deberá integrarse con estaciones terrestres, operadores y programas de cobertura para atender localidades rurales, aisladas y con rezago digital.

Fuentes consultadas

Por Editor

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